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COMALA, COLIMA
COMALA,COLIMA

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EPOCA PRECOLOMBINA

 

El Municipio de Comala se encuentra comprendido, para el estudio de la época prehispánica, en el área que los arqueólogos han denominado Mesoamérica, quedando ubicado en la mayor de esas zonas del occidente de nuestro país, espacio éste que lamentablemente ha sido poco estudiado por lo que presenta dificultades para su conocimiento.

 Por los hallazgos de cerámica se sitúa a Comala en el grupo “La Capacha” que ha sido fechado alrededor de 1450 años a. de C. y el de “Los Ortices” que se inicia hacia 300 – 200 años a. de C.

 También las muestras cerámicas localizadas en el municipio son testimonios del paso o estancia temporal de diferentes culturas como lo fueron:

 Los Otomíes, de 250 a 750 años d.C.

Toltecas de origen Nahuatl, de 900 a 1154 años d.C.

La Tolteca – Chichimeca, de 1154 a 1428 años d. C.

Los Olmecas, después de la destrucción de Tula,  ocurrida en el Siglo XII.

 Los Otomíes florecieron en buena parte de esta región, prueba de ello es la existencia de estas raíces en la comunidad de Zacualpan.

 También es evidencia la presencia de Toltecas – Nahuatl – Chichimecas, principalmente en algunos espacios de la Cabecera Municipal y Suchitlán, época ésta a la que se le ha dado en llamar CLÁSICA

 Es de mencionarse el existir influencia, en esta región, de la cultura tarasca, principalmente a la llegada de los españoles

 Testimonios de las primeras etapas:

 ARCAICA

 

Figurillas conocidas como “monos crudos” o sea hechas de barro mal cocido, ollas pequeñas, vasijas – efigie y miniaturas, así como vasijas de boca amplia o compuestas por dos recipientes, bien sea colocados uno encima de otro o unidos entre sí por dos o tres fragmentos de barro.

 Este tipo de cerámica proviene, por lo general, de los llamados entierros sencillos o “pobres”, como lo dicen los moneros.

 CLASICA

 Esta etapa es representada por la cerámica que por regla general no se localiza en la superficie sino en las denominadas “tumbas de tiro”, muchas de las cuales no han sido exploradas científicamente, por lo contrario, han sido saqueadas por los llamados “moneros”.

 La Fase Comala supone el esplendor de la etapa de las “tumbas de tiro”, siendo contemporáneas al esplendor Teotihuacano.

 Diesselboff, investigador, nos dice que este tipo de tumbas son ahondadas en suelo rocoso (tepetate) con una profundidad de 1.20 a 3 Mts., en donde se abre un nicho ovalado que forma la cámara. La bóveda, ligeramente arqueada, de un metro de altura, con una entrada que es clausurada con una lápida o con metates. Los pozos de la cueva son llenados de tierra, después de colocar el cadáver en el centro y las ofrendas a lo largo de las paredes. Un círculo de piedras empotradas en la tierra señalan la tumba desde la superficie.

 A esta Fase Comala pertenecen la mayoría de figuras huecas representando personas o animales, así como vasijas en forma de vegetales que tenían función utilitaria, todas elaboradas con barro, bien pulido y de color rojo.

 Las figuras humanas son representaciones de hombres y mujeres en varias actitudes, hay cargadores, guerreros, jorobados, aguadores, cazadores, mujeres en labores domésticas o actitudes de ternura expresada en el cuidado de sus hijos, todas éstas realistas y en forma sencilla.

 Innumerables representaciones de animales con predominio de perros.

 Del área ocupada por el Comala moderno, Nogueras, La Parranda y La Cañada han procedido magníficos ejemplares del tipo rojo y negro pulidos.

 Es probable que por todo este panorama arqueológico la Dra. Isabel Kelly le bautizara con el nombre de “COMPLEJO COMALA”.

 La carencia de ruinas arqueológicas de consideración, en toda esta región, son atribuibles a la proximidad y constante actividad de su “Dios y Mito”, Volcán de Fuego, así como por los materiales frágiles e inconsistentes utilizados para sus construcciones.

 Aspectos importantes sobre esta etapa son los mencionados en la Suma de Visitas, tanto del Padre Ponce como en la Relación de Lebrón de Quiñones, sobre la existencia de sistemas de “regadíos” implantados por indígenas de nueve poblados, entre éstos Comala y Zacualpan, así como la supervivencia de “Huertas”, entre otras, las de Comala y Suchitlán, sistemas que fueron de gran valor para la producción de cacao en la época de las encomiendas.

 El escueto conocimiento sobre quienes fueron los primeros pobladores de Comala, poco a poco se nos irá vislumbrando, ya que los estudios realizados por la propia Dra. Kelly y otros arqueólogos dan la pauta a seguir para aclarar nuestro remoto pasado y que pueden proporcionar algunas sorpresas en las localizaciones hechas al norte de la cabecera municipal y Nogueras, así como la cerámica encontrada y por encontrar en La Parranda y La Cañada, mismas que pueden ser marcos teóricos que expliquen con mayor exactitud el desarrollo económico, social, político, cultural y religioso de las comunidades prehispánicas del municipio ya que son, por ahora, un camino confuso.